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La relación más difícil, con EU
Sara Sefchovich
Editorial de El Universal
Jueves 18 de marzo de 2004
Primera sección
..
UN día cualquiera, un periódico pone a ocho columnas: "En fase crítica el nexo entre México y Estados Unidos" y atribuye la alarmante cabeza nada menos que al Capitolio, pues en una reunión interparlamentaria el congresista Jim Kolbe afirmó que la relación entre ambos países estaba atravesando "por uno de sus peores momentos en medio siglo".
Sin embargo, el mismo día, en otro periódico la cabeza decía: "Califican de excelente la relación México-Estados Unidos" y quien hacía la afirmación era nada menos que el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, durante una reunión con el canciller Luis Ernesto Derbez.
Esta doble manera de ver la relación entre ambos países se repite una y otra vez. Un día el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, se muestra enojado con México y afirma que "el pueblo mexicano no ha valorado seriamente la importancia de la relación con Estados Unidos ni valora los extraordinarios beneficios que de esa estrecha relación se desprenden" y hasta termina acusando a los mexicanos de que "tiran de la relación de un lado a otro como una pelota de futbol".
Y otro día el congresista Richard Lugar, que preside el Comité de Relaciones Internacionales del Senado estadounidense, lamenta que su gobierno no le dé a México la importancia que tiene "para nuestra prosperidad y seguridad", tal que las relaciones entre ambos países deben "ser elevadas a una mayor prioridad".
Pero en todo este ir y venir, declarar y contradeclarar respecto de la situación de "amistad" entre ambos países, sorprendió que en días pasados la senadora Hillary Rodham Clinton declarara que estaría de acuerdo con la construcción de una barda en la frontera entre México y Estados Unidos, la cual serviría, se supone, para evitar la entrada de terroristas a su país por la frontera sur, pero también y de una vez, para contener la entrada de ilegales.
Y digo que sorprendió porque se trata de una mujer a la que hasta hoy habíamos concebido en lo general como liberal y en lo particular como amiga de México.
Y esto lo habíamos concebido así por la forma en que se comportó respecto de nuestro país cuando fue primera dama y en tal calidad acompañó varias veces a su esposo tanto en visitas oficiales como privadas a México en las que más allá de los parámetros del protocolo, ambos hicieron por mostrar la imagen de una pareja que quería al país y a su gente, tanto que hasta habían pasado aquí su luna de miel.
Y sin embargo, unos años después de que su marido terminó su cargo, convertida ella por derecho propio en senadora, las cosas cambian y resulta que ahora son otras las necesidades políticas y, en consecuencia, otro el discurso.
Dicho en otras palabras, que tal vez Hillary nunca quiso tanto a México como dijo y que en aquellas ocasiones siguió las necesidades políticas de su esposo pero ahora puede decir lo que realmente piensa.
O quizá, si alguna vez este país de verdad le interesó, después del 11 de septiembre en que la seguridad interna de su país se convirtió en lo prioritario, acepta que hay que conseguirla a costa de lo que sea, inclusive de la relación con su vecino.
O quizá, en aras de su futuro político personal, simplemente está diciendo aquello que sabe que la mayoría de sus conciudadanos quiere oír.
Esto último sería sin duda lo más grave porque haría evidente que el viejo problema de las difíciles relaciones vecinales no se ha resuelto de fondo y que México sigue siendo para los estadounidenses un país que representa un problema.
Y si en el siglo XIX ese "problema" se usó como pretexto para anexiones territoriales y para intervenciones tanto militares como diplomáticas, hoy esa situación se relaciona nada menos que con la seguridad nacional de aquel país que en los tiempos que corren es el tema allá.
Pero una cosa es que los requisitos para las visas sean cada vez más complicados, o que el presidente Bush apenas si haya volteado a ver al presidente Fox desde que México no votó como él quería en la ONU, y otra cosa es que no hagan nada por terminar con las acciones violentas de las bandas caza-inmigrantes y que ahora pretendan levantar una barda en la frontera.
Porque más allá del hecho real de que la simple idea de esto es absolutamente demencial si se piensa que hablamos de miles de kilómetros, y más allá del hecho real de que pensar que esa es la manera de cerrarle la puerta a lo que ellos no quieren resulta absolutamente fantasiosa, está el hecho simbólico de que nos separen, de que nos dejen fuera como si fuéramos un enemigo.
Lo que nos están diciendo hoy es lo que nos dijeron y demostraron durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, y es que no somos dignos de confianza. Y lo que nos están diciendo es que la amistad que con altas y bajas se ha mantenido desde los años 40 del siglo XX, no lo es tanto o sólo lo es cuando así conviene a sus intereses.
Sólo una anotación más: la actitud de la senadora Clinton no es nueva. De hecho, los vecinos siempre han tenido mujeres muy antimexicanas: una de las anexionistas más fanáticas fue la primera dama Julia Gardiner-Tyler, quien desplegó una actividad tan intensa para convencer a los senadores de su posición, que cuando su marido firmó la anexión le obsequió la pluma de oro con que lo hizo y el resto de su vida ella la llevó orgullosamente colgada al cuello como símbolo del triunfo de su causa.
Y la primera dama siguiente, Sarah Childress Polk, también fue una entusiasta promotora de la guerra contra México.
Escritora e investigadora en la UNAM.
++++++++++++++++++++++++++++
Bueno, el artículo ya lo dijo todo... sin embargo, voy a hacer un comentario sobre el "metamensaje" que aquí se vierte...
"Nos consideran problema...", "Porque dicen que ya no nos quieren...", "Nos quieren dejar fuera de su país como si fueramos enemigos..."
¡Carajo!
Y es que el Mexicano no puede vivir sin la aceptación del gringo... dede Obregón y los tratados de Bucareli hasta Fox, que persegue a Bush por medio mundo para "pedirle perdon" por no haber apoyado (el pueblo no lo dejó) la Guerra de Iraq.
En lugar de decir: "Chingen su madre, pinches gringos, pongan todas las bardas que quieran... NOSOTROS VAMOS A CONSTRUIR UN MEXICO GRANDE...".
¿Porqué esa busqueda de aceptación? ¿Qué no somos nada sin su venia?
Comentarios... ¡por favor!
Sara Sefchovich
Editorial de El Universal
Jueves 18 de marzo de 2004
Primera sección
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UN día cualquiera, un periódico pone a ocho columnas: "En fase crítica el nexo entre México y Estados Unidos" y atribuye la alarmante cabeza nada menos que al Capitolio, pues en una reunión interparlamentaria el congresista Jim Kolbe afirmó que la relación entre ambos países estaba atravesando "por uno de sus peores momentos en medio siglo".
Sin embargo, el mismo día, en otro periódico la cabeza decía: "Califican de excelente la relación México-Estados Unidos" y quien hacía la afirmación era nada menos que el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, durante una reunión con el canciller Luis Ernesto Derbez.
Esta doble manera de ver la relación entre ambos países se repite una y otra vez. Un día el subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, se muestra enojado con México y afirma que "el pueblo mexicano no ha valorado seriamente la importancia de la relación con Estados Unidos ni valora los extraordinarios beneficios que de esa estrecha relación se desprenden" y hasta termina acusando a los mexicanos de que "tiran de la relación de un lado a otro como una pelota de futbol".
Y otro día el congresista Richard Lugar, que preside el Comité de Relaciones Internacionales del Senado estadounidense, lamenta que su gobierno no le dé a México la importancia que tiene "para nuestra prosperidad y seguridad", tal que las relaciones entre ambos países deben "ser elevadas a una mayor prioridad".
Pero en todo este ir y venir, declarar y contradeclarar respecto de la situación de "amistad" entre ambos países, sorprendió que en días pasados la senadora Hillary Rodham Clinton declarara que estaría de acuerdo con la construcción de una barda en la frontera entre México y Estados Unidos, la cual serviría, se supone, para evitar la entrada de terroristas a su país por la frontera sur, pero también y de una vez, para contener la entrada de ilegales.
Y digo que sorprendió porque se trata de una mujer a la que hasta hoy habíamos concebido en lo general como liberal y en lo particular como amiga de México.
Y esto lo habíamos concebido así por la forma en que se comportó respecto de nuestro país cuando fue primera dama y en tal calidad acompañó varias veces a su esposo tanto en visitas oficiales como privadas a México en las que más allá de los parámetros del protocolo, ambos hicieron por mostrar la imagen de una pareja que quería al país y a su gente, tanto que hasta habían pasado aquí su luna de miel.
Y sin embargo, unos años después de que su marido terminó su cargo, convertida ella por derecho propio en senadora, las cosas cambian y resulta que ahora son otras las necesidades políticas y, en consecuencia, otro el discurso.
Dicho en otras palabras, que tal vez Hillary nunca quiso tanto a México como dijo y que en aquellas ocasiones siguió las necesidades políticas de su esposo pero ahora puede decir lo que realmente piensa.
O quizá, si alguna vez este país de verdad le interesó, después del 11 de septiembre en que la seguridad interna de su país se convirtió en lo prioritario, acepta que hay que conseguirla a costa de lo que sea, inclusive de la relación con su vecino.
O quizá, en aras de su futuro político personal, simplemente está diciendo aquello que sabe que la mayoría de sus conciudadanos quiere oír.
Esto último sería sin duda lo más grave porque haría evidente que el viejo problema de las difíciles relaciones vecinales no se ha resuelto de fondo y que México sigue siendo para los estadounidenses un país que representa un problema.
Y si en el siglo XIX ese "problema" se usó como pretexto para anexiones territoriales y para intervenciones tanto militares como diplomáticas, hoy esa situación se relaciona nada menos que con la seguridad nacional de aquel país que en los tiempos que corren es el tema allá.
Pero una cosa es que los requisitos para las visas sean cada vez más complicados, o que el presidente Bush apenas si haya volteado a ver al presidente Fox desde que México no votó como él quería en la ONU, y otra cosa es que no hagan nada por terminar con las acciones violentas de las bandas caza-inmigrantes y que ahora pretendan levantar una barda en la frontera.
Porque más allá del hecho real de que la simple idea de esto es absolutamente demencial si se piensa que hablamos de miles de kilómetros, y más allá del hecho real de que pensar que esa es la manera de cerrarle la puerta a lo que ellos no quieren resulta absolutamente fantasiosa, está el hecho simbólico de que nos separen, de que nos dejen fuera como si fuéramos un enemigo.
Lo que nos están diciendo hoy es lo que nos dijeron y demostraron durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX, y es que no somos dignos de confianza. Y lo que nos están diciendo es que la amistad que con altas y bajas se ha mantenido desde los años 40 del siglo XX, no lo es tanto o sólo lo es cuando así conviene a sus intereses.
Sólo una anotación más: la actitud de la senadora Clinton no es nueva. De hecho, los vecinos siempre han tenido mujeres muy antimexicanas: una de las anexionistas más fanáticas fue la primera dama Julia Gardiner-Tyler, quien desplegó una actividad tan intensa para convencer a los senadores de su posición, que cuando su marido firmó la anexión le obsequió la pluma de oro con que lo hizo y el resto de su vida ella la llevó orgullosamente colgada al cuello como símbolo del triunfo de su causa.
Y la primera dama siguiente, Sarah Childress Polk, también fue una entusiasta promotora de la guerra contra México.
Escritora e investigadora en la UNAM.
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Bueno, el artículo ya lo dijo todo... sin embargo, voy a hacer un comentario sobre el "metamensaje" que aquí se vierte...
"Nos consideran problema...", "Porque dicen que ya no nos quieren...", "Nos quieren dejar fuera de su país como si fueramos enemigos..."
¡Carajo!
Y es que el Mexicano no puede vivir sin la aceptación del gringo... dede Obregón y los tratados de Bucareli hasta Fox, que persegue a Bush por medio mundo para "pedirle perdon" por no haber apoyado (el pueblo no lo dejó) la Guerra de Iraq.
En lugar de decir: "Chingen su madre, pinches gringos, pongan todas las bardas que quieran... NOSOTROS VAMOS A CONSTRUIR UN MEXICO GRANDE...".
¿Porqué esa busqueda de aceptación? ¿Qué no somos nada sin su venia?
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