Es de sabios recordar y, la revista Vértigo de este domingo 14 de Marzo del 2004 nos refresca la memoria a todos y de que manera... leamos.
Antecedentes
Aquella tarde de 1991, cuando ante el pleno legislativo apoya una iniciativa para incinerar las boletas electorales de 1988 —que según muchos podían servir para demostrar que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari perdió los comicios frente a Cuauhtémoc Cárdenas y le arrebató el triunfo mediante triquiñuelas—, Fernández de Cevallos no imagina la clase de enemigo que se echaba encima.
“Nadie podría beneficiarse con escudriñar papeles que nada dicen y menos significan; la bancada panista acepta que se destruyan esos míticos documentos y que esos cientos de toneladas de papel se procesen, se reprocesen y, como reclamamos, se regenere la vida pública de México”, asevera el jefe Diego.
Pero Andrés Manuel no deja de recordar al entonces diputado Fernández de Cevallos cabildeando en busca del voto a favor de la quema de los paquetes electorales, la cual se decide después de ocurrir un incendio en la vieja sede de la Cámara de Diputados.
Desde entonces, cada tanto, se repiten los intercambios de acusaciones entre estos dos personajes con proyectos de gobierno y trayectorias políticas tan diferentes.
Pero, para su mala fortuna, el jefe Diego no sólo trae pleito con el hombre al que algunas encuestas señalan como el favorito para las elecciones presidenciales de 2006, sino también con quien podría darle el espaldarazo más importante para sus ambiciones políticas a corto plazo: el mismísimo presidente Fox.
Es larga la lista de choques o enfrentamientos (Vértigo No. 110) que protagoniza Fernández de Cevallos durante su carrera. Reproducimos aquí algunas de las más significativas.
Concertacesión. Como interlocutor de Salinas de Gortari, el diputado Diego logra en 1991 echar abajo el triunfo de Ramón Aguirre en la elección por la gubernatura de Guanajuato, la cual queda en manos del interino Carlos Medina Plascencia.
A causa de que se inaugura con ello la práctica de la concertacesión, no prospera la demanda del PAN local para que se anule y repita el proceso electoral o, en todo caso, la gubernatura quede en manos de su candidato: Vicente Fox Quesada. Éste ha de esperar tres años más para llegar al Ejecutivo estatal.
Privatización bancaria. Más tarde, Fernández de Cevallos hace campaña en aras de la decisión salinista de reprivatizar la banca y también para favorecer las reformas al artículo 27 constitucional.
Candidato. Su candidatura presidencial por el PAN en 1994 es, sin duda, una de las más desangeladas. En opinión de muchos, fue una simulación más que abierta. Prácticamente Diego se hizo a un lado a favor de Ernesto Zedillo en determinado momento de la campaña: “desapareció” del escenario electoral durante casi un mes y medio dejando cámaras y micrófonos a disposición del candidato priista.
Amigos de Fox.
Cuando en 1999, con Fox prácticamente echándose a la bolsa —a fuerza de trabajo más personal que partidario— la candidatura presidencial del PAN, Diego demanda que el guanajuatense dé a conocer su situación patrimonial, el principal operador de los Amigos de Fox, Lino Korrodi, responde que el hoy senador “no tiene estatura moral para tal exigencia”.
¿Legislador o litigante?
Larga es también la lista de casos en los que Fernández de Cevallos se involucra en su doble papel de senador y cabeza de un despacho jurídico exitoso, que le produce ganancias millonarias y que, según él, trabaja sin vínculo alguno con su labor en el Poder Legislativo.
Punta Diamante. En 1997, Diego se hermana con Zedillo en un áspero debate nacional porque ninguno de ellos, se supone, pagaba sus impuestos prediales al municipio de Acapulco por sus propiedades en Punta Diamante. Comienza a discutirse la doble faceta del jefe Diego como hombre de política y próspero litigante.
Jugueros. A fines del sexenio zedillista el abogado Fernández de Cevallos cabildea en la SHCP contra una reforma fiscal que pretende excluir a los jugos envasados del rubro de alimentos para considerarlos bebidas sujetas al pago del impuesto al valor agregado (IVA). Cuando demuestra jurídicamente que los jugos envasados no son una bebida sino un alimento y como tal están exentos de impuestos, los productores de jugos —incluyendo a Jumex y Del Valle— logran de Hacienda la devolución del IVA que pagaron, por casi dos mil millones de pesos.
Aeropuerto. Mientras Hidalgo y el Estado de México se pelean la terminal aérea alterna a la de la ciudad de México, él resuelve el problema para Querétaro con sus tierras y su maquinaria.
Terrenos. Apenas en abril pasado, ante la acometida jurídica que el despacho de abogados de Fernández de Cevallos realiza para despojar al gobierno capitalino de un terreno valuado en dos mil millones de pesos, López Obrador advierte: “No es posible que un diputado, un senador, un alto funcionario del gobierno esté litigando en beneficio de particulares, en contra del interés general, es totalmente inmoral. El servidor público debe cuidar intereses generales, tiene que actuar con moral, no debe guiarse nada más por el interés personal o del dinero. Para eso son los negocios privados; que se dediquen a eso, pero que no mezclen”.
SRA.
La última carcajada de Diego es ganarle un juicio a la Secretaría de la Reforma Agraria, que debe pagar más de mil millones de pesos a los herederos de Gabriel Ramos Millán, luego de que el ilustre abogado ganó el litigio en torno de la expropiación de varios predios en el Distrito Federal.
Corolario
Éste es el contexto que enmarca el nuevo capítulo de las recurrentes diatribas entre López Obrador y Fernández de Cevallos.
Hasta hoy, la opinión pública otorgó un triunfo tras otro al jefe de gobierno capitalino, pese a su parsimoniosa costumbre de hacerse a un lado cuando el debate se torna álgido y por más que el senador panista lo acuse de manera repetida de “pegar a la mala al adversario, difamarlo, calumniarlo y, finalmente, salir corriendo”.
Ahora la situación se antoja muy distinta, pues los videoescándalos parecen haber causado heridas de suma gravedad a López Obrador, mientras Fernández de Cevallos se ufana de lograr por fin el primer paso para hacer realidad ese antiguo anhelo que por años tal vez le quitó el sueño: sepultar de una vez por todas las aspiraciones políticas del tabasqueño.