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Últimamente me he visto bombardeado por temas relacionados a los nuevos nacionalismos. Tanto en los medios como en los foros, abundan los ejemplos de personas que consideran que su particular grupo social, étnico, cultural, geográfico o lingüistico merece un lugar entre la comunidad de países.
Desde luego, yo no me considero juez capacitado para determinar si un determinado grupo de gentes "merece" tener un país propio, porque para empezar, tengo la creencia que la "nacionalidad" no es ni un premio, ni una ventaja, ni un recurso explotable per se.
De hecho, tengo la impresión que la nacionalidad es en realidad una ilusión compartida por un grupo de personas, pero que en ciertas circunstancias es útil solamente como punto de referencia mental. Y un punto de referencia no muy bueno, porque una "nación" es en realidad un grupo de personas, que nacen, crecen, aprenden costumbres y lenguas, se reproducen, viven su vida, envejecen y mueren.
Una nación como conjunto de personas, es en principio una estructura puramente mental, una organización nacida de la interacción de muchas partes individuales que concuerdan en algunos elementos culturales, pero sobre todo en ese hecho fundamental: que pertenecen a la misma nación; lo cual no impide que la nación sea una estructura que cambia continuamente del mismo modo que cambian cada una de las partes que la hacen existir.
Estoy evitando a propósito la idea de "Estado", que aunque es también una estructura abstracta que existe gracias a la interacción de sus partes tangibles, es al parecer cada vez menos identificada con la idea de nación.
A lo largo de la historia las naciones han formado estados, conquistado otras naciones y formado mayores territorios y más fuertes estados. La conducta más natural, era que la nación dominante intente desaparecer a la dominada, resultando en una asimilación total o bien parcial, produciendo con frecuencia y como resultado una nueva nación con elementos de sus progenitores, y desde luego, un mayor Estado.
De hecho, es notorio que hasta hace poco, la tendencia de los estados y de las naciones era convertirse en una sola entidad. La integración de las naciones (a la fuerza y más raramente, por mezcla) era vista como la única vía para el futuro de los Estados.
Si lo vemos con un ojo de bacteriólogo, las naciones siempre han tenido relaciones de depredación las unas con las otras, compitiendo con sus vecinas, devorándose por fagocitosis, o mezclándose como bacterias que intercambian sus genes. Y todo sin demasiada racionalización, ni retórica, ni ideologías de por medio. El ser humano es un animal gregario, y como tal tienden a preferir a los de "su tribu" que a todo el resto.
Sin embargo, en el siglo XIX y XX (con algunos antecendentes meritorios) aparecieron tendencias ideológicas que tiraban a 'sacralizar' la idea de nación y a transformarla en ideología, como si fuera una entidad que puede existir separadamente de los individuos. Una entidad trascendental, superior y por la cual todos los sacrificios son aceptables.
Esta especie de religión de la nacionalidad, tiene sus representantes más extremos en mi particular opinión, en el nazismo, y el facismo italiano y español. Desde luego, se agrega además la idea de que el bagage genético de los individuos forma parte de esa dicha nación, y debe ser protegido de la misma forma que se protege la bandera, el territorio, el himno ; de hecho todavía más, debido a la dificultad para controlar los deseos reproductorios humanos y por lo tanto, "la pureza" de dicha nación "trascendental".
Con la derrota del nazismo, la posterior caída del socialismo y la aparente victoria y extensión de la democracia hacia todos los Estados, parecía que la idea de nacionalismo estaba en decadencia.
Pues ya vemos que no es así. De hecho el nacionalismo está bien vivo. Aunque ya no tome una tendencia ideológica uniforme ni posturas similares en lo que concierne al modo de legitimar su existencia. Entre los nacionalistas están tanto grupos violentos como la ETA y el IRA, como fuerzas políticas democráticas tales y como el partido nacional escocés, Corsica Nazione,etc.
Continuará...
Desde luego, yo no me considero juez capacitado para determinar si un determinado grupo de gentes "merece" tener un país propio, porque para empezar, tengo la creencia que la "nacionalidad" no es ni un premio, ni una ventaja, ni un recurso explotable per se.
De hecho, tengo la impresión que la nacionalidad es en realidad una ilusión compartida por un grupo de personas, pero que en ciertas circunstancias es útil solamente como punto de referencia mental. Y un punto de referencia no muy bueno, porque una "nación" es en realidad un grupo de personas, que nacen, crecen, aprenden costumbres y lenguas, se reproducen, viven su vida, envejecen y mueren.
Una nación como conjunto de personas, es en principio una estructura puramente mental, una organización nacida de la interacción de muchas partes individuales que concuerdan en algunos elementos culturales, pero sobre todo en ese hecho fundamental: que pertenecen a la misma nación; lo cual no impide que la nación sea una estructura que cambia continuamente del mismo modo que cambian cada una de las partes que la hacen existir.
Estoy evitando a propósito la idea de "Estado", que aunque es también una estructura abstracta que existe gracias a la interacción de sus partes tangibles, es al parecer cada vez menos identificada con la idea de nación.
A lo largo de la historia las naciones han formado estados, conquistado otras naciones y formado mayores territorios y más fuertes estados. La conducta más natural, era que la nación dominante intente desaparecer a la dominada, resultando en una asimilación total o bien parcial, produciendo con frecuencia y como resultado una nueva nación con elementos de sus progenitores, y desde luego, un mayor Estado.
De hecho, es notorio que hasta hace poco, la tendencia de los estados y de las naciones era convertirse en una sola entidad. La integración de las naciones (a la fuerza y más raramente, por mezcla) era vista como la única vía para el futuro de los Estados.
Si lo vemos con un ojo de bacteriólogo, las naciones siempre han tenido relaciones de depredación las unas con las otras, compitiendo con sus vecinas, devorándose por fagocitosis, o mezclándose como bacterias que intercambian sus genes. Y todo sin demasiada racionalización, ni retórica, ni ideologías de por medio. El ser humano es un animal gregario, y como tal tienden a preferir a los de "su tribu" que a todo el resto.
Sin embargo, en el siglo XIX y XX (con algunos antecendentes meritorios) aparecieron tendencias ideológicas que tiraban a 'sacralizar' la idea de nación y a transformarla en ideología, como si fuera una entidad que puede existir separadamente de los individuos. Una entidad trascendental, superior y por la cual todos los sacrificios son aceptables.
Esta especie de religión de la nacionalidad, tiene sus representantes más extremos en mi particular opinión, en el nazismo, y el facismo italiano y español. Desde luego, se agrega además la idea de que el bagage genético de los individuos forma parte de esa dicha nación, y debe ser protegido de la misma forma que se protege la bandera, el territorio, el himno ; de hecho todavía más, debido a la dificultad para controlar los deseos reproductorios humanos y por lo tanto, "la pureza" de dicha nación "trascendental".
Con la derrota del nazismo, la posterior caída del socialismo y la aparente victoria y extensión de la democracia hacia todos los Estados, parecía que la idea de nacionalismo estaba en decadencia.
Pues ya vemos que no es así. De hecho el nacionalismo está bien vivo. Aunque ya no tome una tendencia ideológica uniforme ni posturas similares en lo que concierne al modo de legitimar su existencia. Entre los nacionalistas están tanto grupos violentos como la ETA y el IRA, como fuerzas políticas democráticas tales y como el partido nacional escocés, Corsica Nazione,etc.
Continuará...
Quidquid latine dictum sit altum viditur.