Un manual para el odio EDITORIAL DE EL UNIVERSAL 28 de abril de 2006
Las recientes movilizaciones hispanas en favor de un reconocimiento legal a la presencia de trabajadores inmigrantes dentro de territorio estadounidense ha despertado los peores instintos de grupos extremistas, que quisieran ver fuera de su país a los 12 millones de migrantes que exigen ser tratados con decoro por las leyes de EU.
Grupos como el de Guardianes de la Frontera o el Movimiento Nacional Socialista, de corte nazi, han desplegado una campaña propagandística para impedir que los hispanos se manifiesten masivamente el próximo lunes primero de mayo, en marchas por todas las ciudades de EU, y, peor aún, llaman a la violencia física en contra de cualquier persona que sea o parezca indocumentado.
En lo que ya se conoce como el "manual del odio", estos grupos de ultraderecha y supremacistas invocan a redadas masivas de indocumentados y al ejercicio de la fuerza para intimidar a los que consideran "invasores" de su patria. Es lamentable que ya hayan pasado a los hechos, cuando dos jóvenes anglosajones golpearon y sodomizaron a un menor hispano, en Houston, Texas, hasta dejarlo al borde de la muerte, gritándole todo tipo de consignas racistas.
Es terrible que ello suceda. Y hay que exigir a las autoridades de aquel país que dé respuesta legal a este acto criminal.
Aun cuando nazis, supremacistas y toda clase de fundamentalistas de la derecha son una parte minoritaria del espectro social estadounidense, no deja de preocupar que dichas fuerzas adquieran un poder de intimidación tal, que agreguen un elemento de muerte y sangre a un problema que es fundamentalmente social y económico.
Inquieta, además, que algunos representantes de estas expresiones reprobables tengan voz en el Congreso del vecino país y sean los que promuevan leyes antiinmigrantes que ignoren la realidad económica que gira en torno de este flujo de trabajadores foráneos y apelen a valores de raza para justificar la imposición de una especie de apartheid social.
La discusión sobre el tema ha de centrarse en el Capitolio y la Casa Blanca, pero dentro de marcos de argumentación seria, ajena a cualquier visceralidad, considerando las opciones reales de incorporación de toda esa mano de obra que aporta riqueza y capital a Estados Unidos, pero que, por lo mismo, no puede seguir anónima, en las sombras, sin derechos y sin posibilidad de aspirar a una vida digna, lo que comienza por tener un cruce fronterizo civilizado y sin peligro.
Ojalá que la cordura se imponga y aquellos legisladores estadounideneses indecisos entre dar o no derechos a los inmigrantes vean con claridad qué tipo de grupos y causas estarían solapando, si votan en contra de un tránsito migratorio ordenado.
La marcha del próximo lunes debe ser la expresión clara y libre de voces que quieren trabajar y hacerlo en paz, pese a los ultraderechistas que impelen a su expulsión.
El mundo se caracteriza por su gran movilidad migratoria en todos los continentes, y América no es la excepción. Tenemos que asumir con inteligencia estos flujos, que no son otra cosa, sino un natural reacomodo de grupos de personas y sociedades en busca de satisfactores. |