#1 [url]

Apr 10 06 7:29 PM

QUOTE (La Barra @ April 10, 2006 05:20 pm)
Jaime Sánchez Susarrey
Radiografías

1. AMLO no es un hombre de partido. No lo fue cuando tomó la presidencia del PRI en 1983 en Tabasco ni cuando asumió la dirigencia nacional del PRD entre 1996 y 1999. Las estructuras partidario-burocráticas siempre le han producido desconfianza. Su apuesta es por un movimiento permanente que vaya más allá de las elecciones. Bajo su égida el perredismo de viejo cuño no tiene futuro. Representa un lastre que debe desaparecer para dar paso a una nueva organización. Por eso en las listas del PRD al Senado y a la Cámara de Diputados predominan los hombres y los nombres de extracción priista y no cardenista. La victoria de AMLO se traducirá más temprano que tarde en la desaparición del PRD.

2. AMLO no es un hombre de izquierda. El primero en señalarlo fue el subcomandante Marcos: "No es de izquierda y nos va a partir la madre a todos". Cárdenas repitió más o menos lo mismo: no hay evidencia de que el programa de Andrés Manuel sea de izquierda. De ahí, insistía el ingeniero, la urgencia de un debate que clarifique las posiciones. Adolfo Gilly ha reiterado la misma tesis, pero le ha añadido un ingrediente más: no puedo confiar ni votar por alguien que está rodeado de ex salinistas (Manuel Camacho, Ricardo Monreal, Socorro Díaz). Marcos, Cárdenas y Gilly parten de una constatación muy simple: por formación y por experiencia personal, Andrés Manuel está más cerca de Echeverría y López Portillo que del general Cárdenas.

3. AMLO es más un hombre de ocurrencias que de ideas. La lectura de su Proyecto Alternativo de Nación y de sus Cincuenta Compromisos de Gobierno deja mal sabor de boca. Se trata de un racimo de propuestas: algunas viables, otras irrelevantes y las más inconsistentes. Porque lo mismo propone reabrir las negociaciones del Tratado de Libre Comercio en el capítulo agrícola que convertir las Islas Marías en un centro turístico o regresar a los precios de garantía que regían en los tiempos de Luis Echeverría. Dos ofertas en particular son dignas de figurar en alguna antología del absurdo: 1) crear 30 universidades nuevas para 300 mil estudiantes y 200 preparatorias para 400 mil estudiantes de educación media superior; 2) ahorrar 100 mil millones de pesos el primer año de su gobierno mediante el recorte de celulares, secretarias, borradores, lápices, etcétera.

4. AMLO no es un hombre de lecturas, conceptos ni razones. No lo fue cuando estudió en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM ni lo es ahora como candidato de la Alianza por el Bien de Todos. De ahí su renuencia a participar en cualquier debate. Él y sus entornos más cercanos saben que ese es su talón de Aquiles. Su inseguridad se puso de manifiesto cuando se negó a responder el cuestionario de Víctor Trujillo. Lo suyo es la pulla, el chacoteo, la descalificación y la simplificación. Por eso uno de los temas recurrentes de su discurso es la suspensión de la pensión a los ex presidentes y por eso, también, no hay una sola mención racional acerca de la crisis del sistema de pensiones en México. Para no mencionar la omisión de un programa efectivo de recaudación.

5. AMLO no cree ni nunca ha creído en las instituciones. Y no tendría por qué ser de otro modo. Nació en Macuspana en 1953 y creció en un Tabasco tropical y paradisíaco, pero también salvaje y rupestre. La hegemonía del PRI en el sureste era del más viejo corte: hombres fuertes e instituciones débiles. Eso fue lo que vivió y aprendió de niño y de joven. Su nombramiento como presidente del PRI a los 29 años se debió al virrey de ocasión, el gobernador González Pedrero. Su defenestración se debió a lo mismo: cayó de la gracia del Señor. La biografía posterior no hace más que consolidar ese temple: no cree en la ley, apuesta por las movilizaciones y las negociaciones a base de presión. Sus victorias sucesivas le confirman que está en la vía correcta. Por eso no se detiene ante nada ni ante nadie. Lo mismo se lanza contra la Suprema Corte de Justicia que contra el IFE o el gobernador del Banco de México. Ese es su temperamento y su naturaleza.

6. AMLO es, sin duda, un líder carismático. Ejerce una fascinación sobre amplios sectores de la población. Su historia es peculiar. En un mundo de corrupción y cooptación él se mantuvo relativamente al margen. Sabe y conoce todos los trucos y las mañas de los priistas pero no las ha usado para crear un patrimonio personal. Pero el otro lado de la medalla también es cierto: ha cobijado a personajes como Bejarano y Ponce bajo la máxima de que el fin justifica los medios. El componente mesiánico de su personalidad explica su tenacidad y la confianza que suscita en la población. Pero, por lo mismo, es un hombre que se asume como el portador de una buena nueva que revolucionará el orden existente. No hay líder carismático que no se comporte bajo la máxima que Max Weber sintetizó en su análisis del carisma: Es verdad que está escrito, pero yo os digo... De ahí su lenguaje fundacional y casi místico: purificar la vida pública y restaurar la República.

7. AMLO no tiene adversarios, tiene enemigos. Su visión del mundo es tajante y absoluta: de un lado se encuentran los buenos y del otro los malos. La dimensión moral de esa oposición es fundamental: quien se le opone no lo hace por buenas razones ni porque esté equivocado, se le enfrenta porque forma parte de las fuerzas del mal y no merece, como tal, ninguna consideración. Los de arriba conspiran contra los de abajo para mantener sus privilegios inaceptables. Ese es el secreto de la historia. No hay otro. Por eso han urdido toda clase de complots contra él, que representa la esperanza y la única oportunidad de liberación del pueblo oprimido. Eso es lo que él representa. Por eso no tiene derecho a claudicar ni a flaquear. Tampoco puede admitir sus errores o corregirlos públicamente. Esa muestra de debilidad, que es natural y propia de cualquier ser humano, es inadmisible porque fortalece a los de arriba y debilita su liderazgo.

8. AMLO no es un hombre de equipo. No lo fue de joven ni lo es ahora. Los ex priistas que lo rodean no le merecen mayor estima. Su confianza está depositada en los incondicionales. En los que lo veneran ciegamente y ciegamente le obedecen. AMLO no es un hombre de programa porque no tiene ideas ni conceptos. Sus razonamientos son muy rudimentarios. En suma, el programa de AMLO es AMLO y el proyecto de AMLO es AMLO. Esa es su oferta fundamental. Por eso la elección se está polarizando no en torno de un partido ni de un programa, sino de un hombre providencial que cree que todo lo puede.

Traigase a tal Susarrey aquí mi estimado..

Pa ponerle su correspondiente chinga...