Rossana Fuentes-Berain
05 de abril de 2006
La fractura republicana
"No me subestimen" declaró George W. Bush antes de su último encuentro con Vicente Fox, refiriéndose a que puede ganar la batalla para que su propuesta migratoria avance en el terreno de las elecciones legislativas de EU. Esa declaración representa lo más importante dentro del reciente encuentro de Cancún, que se limitó a una protocolaria despedida al Presidente de México, en este caso claramente "sobrestimado", pues en septiembre del 2001, en otra cumbre, en la Casa Blanca, muchos le creímos que verdaderamente la diplomacia mexicana podría ser un factor en la negociación de la política migratoria estadounidense. No lo fue y hoy simplemente seremos espectadores de una lucha interna entre los legisladores de Capitol Hill.
No hay acuerdo migratorio porque no hay convenio bilateral, porque no hubo discusión, ni habrá decisión entre las dos partes; lo que tendremos que esperar es una reforma unilateral estadounidense para el fenómeno migratorio que nos afecta a ambos. En ese sentido en los próximos meses a los mexicanos nos tocará la bizarra posición de esperar que en verdad la fuerza del presidente Bush no sea menor y que su fracción política dentro del Partido Republicano piense que es de su interés no criminalizar la inmigración. De verdad se necesitará decisión de la Casa Blanca para encauzar la discusión que se dará en los próximos días al interior del Congreso de EU para conciliar lo que salió del Comité Judicial del Senado: una iniciativa balanceada, con lo que está en la Cámara de Diputados: una iniciativa extrema.
El lunes 27 de marzo en una votación de 12 a favor y seis en contra, resultado de que la fracción republicana se dividió, el Comité Judicial del Senado ofreció empleos temporales y la posibilidad de legalizar la estancia de los cerca de 11 millones de indocumentados en EU sin tener que salir de su territorio. Balanceó ese acercamiento favorable a los inmigrantes con medidas que duplicarán los efectivos de la Patrulla Fronteriza y la dotarán de tecnología para hacer un muro virtual. La Cámara de Representantes en cambio pidió declarar criminales a los inmigrantes y quienes los ayuden, incluidas las iglesias, estableció el presupuesto para erigir un muro de casi mil kilómetros en la frontera, y no habló en absoluto de permisos de trabajo.
Entre estas posturas oscila lo que la clase política de EU discutirá en las próximas semanas respecto de la inmigración, que se ha convertido, camino a las elecciones de noviembre, en el asunto clave para definir posturas que pueden acercar o alejar a los electores de sufragar en la boleta en favor o en contra de un candidato. El debate no va a ser cortés. Ya lo advirtió el propio Bush y su representante aquí, el embajador Antonio Garza, quien previó que puede tornarse "acalorado" y en ocasiones "contencioso". En México vamos a escuchar ese debate, cuyo resultado tendrá un gran impacto en nuestro país, sin poder hacer prácticamente nada.
Los tiempos políticos internos no nos favorecen. Fox es historia y los que importan en este momento, los candidatos a la Presidencia, están peleando por su propia sobrevivencia y poco o nada pueden hacer por proyectar sus propios puntos de vista en Estados Unidos respecto de la inmigración ante la prohibición del IFE de hacer campaña fuera de México. Pero si el Ejecutivo está maniatado, el Legislativo no. Urge que en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado mexicano, representantes de PAN, PRI y PRD se hagan presentes con sus contrapartes estadounidenses involucrados en la discusión de la reforma migratoria, pero singularmente con los republicanos que están dudando entre la dureza y el balance.
El Partido Republicano se ha fracturado entre los xenófobos, los que rechazan totalmente la inmigración y quisieran sellar la frontera, y los empresarios, los que la ven como un potencial de mano de obra. Ambos están conscientes de que es un tema de seguridad para Estados Unidos ordenar su frontera, pero no ambos piensan que puede hacerse de la misma forma. Desde cualquier trinchera en México debe ayudarse a los segundos. No es por subestimar a Bush, es por desactivar la bomba que implicaría criminalizar a los indocumentados, que se necesita hacerlo y hacerlo ya.
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Periodista investigadora, ITAM