Saludos a todos, pero encontre esta información que esta relacionada con lo mencionado y posiblemente con la aprobación de la ley televisa como pago del gobierno de fox a TV azteca:
Canal 40. La solución del gobierno
Denise Maerker
La semana pasada en este espacio me preguntaba dónde está el gobierno y cuál es su posición respecto del conflicto entre TV Azteca y Canal 40. ¿Puede un gobierno desentenderse de un diferendo en el que están en juego dos concesiones del Estado? ¿Acaso no está preocupado de que este enfrentamiento se perpetúe?
Sí lo está. El gobierno no quiere que este conflicto continúe indefinidamente y de hecho ya se maneja una posible solución: Darle a Ricardo Salinas Pliego la concesión de otro canal, el 28, para que suelte (literalmente) al Canal 40. Así lo ha comentado en días recientes un alto funcionario de la secretaría de Comunicaciones. El razonamiento es el siguiente: Darle una tercera pantalla en televisión abierta a Salinas para que pueda poner su canal orientado a los altos ingresos de la ciudad de México, que es lo que dice que quiere hacer con el 40 y por lo que rechazó los 44.5 millones de dólares que le ofrecían Isaac Saba y Javier Moreno Valle para acabar con el pleito entre las televisoras.
El canal 28 de la banda de UHF (Ultra High Frequency), la misma en la que están el 22 y el 40, es –junto con el 34, que opera el Sistema Mexiquense de Radio y Televisión– el único otro canal de esta banda que puede, de acuerdo con las normas vigentes, ser utilizado para la televisión abierta. Desde 1993, el gobierno de Carlos Salinas decidió a través de un decreto que los otros canales de esta banda, el 46, el 52, el 58 y el 64 iban a ser únicamente para televisión restringida. El 28 tiene dueño, se trata de Raúl Aréchiga, propietario de estaciones de radio en Baja California y de AeroCalifornia.
¿Qué está pensando hacer el gobierno? ¿Cómo pretende quitarle a Raúl Aréchiga la concesión para dársela a Ricardo Salinas? No está claro. Pero más allá de cuestiones técnicas de cómo lo haría, lo que sorprende es que el gobierno esté siquiera considerando esta opción como una salida.
¿Cómo se puede entender que el gobierno pretenda solucionar este conflicto dándole a un señor que violó la ley de manera flagrante, con la toma del Chiquihuite, una nueva concesión de televisión? ¿Por qué premiar a Salinas Pliego? ¿Y qué garantías tendría el gobierno de que una vez que le entreguen (o le ayuden a obtener) el 28, Salinas Pliego no seguirá buscando quedarse con el 40?
Hay solamente dos explicaciones: o este gobierno es de una debilidad monstruosa, y no pueden ni quieren enfrentar a los poderosos de este país, o, más grave aún, esta posible solución viene a confirmar que alguien (¿Marta?, ¿el Presidente?) en el gobierno se comprometió con Salinas Pliego a darle una tercera pantalla de televisión.
Puede tratarse, desde luego, de un asunto de debilidad; este gobierno ha mostrado en repetidas ocasiones su incapacidad o falta de voluntad para asumir su responsabilidad y ha cedido a la tentación de negociar todo con todos. Sin embargo, si efectivamente le entrega el 28 a Salinas Pliego quedará la impresión de que le debían algo y que ésta fue la forma que encontraron de saldar un compromiso. No está de más recordar que si hoy Canal 40 está en manos de Javier Moreno Valle es porque un juez así lo determinó, no porque el gobierno federal lo haya devuelto.
Será también una decisión difícil de explicar y de comunicar. ¿Qué le van a decir a los muchos empresarios que llevan años buscando una opción de televisión abierta? Y frente a la opinión pública, ¿cómo lo van a justificar?
Una decisión en este sentido rebasaría por mucho el mundo de las telecomunicaciones y de los pleitos entre concesionarios.
Así como la famosa respuesta de Vicente Fox – “¿Y yo por qué?”–, cuando le preguntaron por su posición respecto de la toma del Chiquihuite, trascendió el conflicto entre las televisoras y se convirtió en la frase que ilustra por excelencia su gobierno, si efectivamente le entregan el canal 28 a Salinas Pliego, esta decisión se convertirá sin duda en ejemplo de su debilidad y, peor aún, terminará por ser la prueba de que estamos frente a un gobierno atenazado por compromisos inconfesables.
Habrá que esperar. Por el momento es tan sólo una de las salidas que el gobierno está imaginando. Ojalá que se imponga otra decisión, y, sí, que intervenga el gobierno, pero pensando en los televidentes, en el equilibrio de contenidos en las pantallas, en los trabajadores, en la legalidad. Que actúe como un gobierno autónomo, con agenda y capacidad de decisión.