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Mar 20 04 9:24 PM

Un voto por la Honestidad

Escrito por SAMUEL LOEWENBERG

Traducido por Rafael Norma Méndez

Madrid

Hay una máxima en política afirmando que el pueblo no vota por la política exterior.
Pero aquí en Madrid la política exterior se convirtió en un tema doméstico el 11 de marzo, cuando se estremeció España por los madrugadores ataques terroristas perpetrados en cuatro estaciones de trenes en Madrid.


El momento en el que los Españoles decidieron eliminar al conservador Partido Popular que había gobernado al país durante ocho largos años, no fue por el propio ataque, que acabó con la vida de más de 200 personas e hirió a más de 1500. En las consecuencias inmediatas de las explosiones, el gobierno anunció que ellos casi tenían la certeza de que había sido obra del grupo Vasco separatista de la ETA, y con las elecciones nacionales a tan sólo tres días, , la sabiduría convencional allí era que el pueblo se congregara soportando al partido en el poder por sus duras políticas de ley y orden. Pero la actitud cambió a medida que el conocimiento, hora tras hora sugería que el gobierno había desechado la evidencia que señalaba a los extremistas grupos Islámicos involucrados en la represalia por el respaldo Español a las invasiones estadounidenses en contra de Afganistán e Irak. La ira pública se derramó cuando se vio claro que el gobierno estaba tratando desesperadamente de desviar la investigación. El diario más importante de España, El Pais, informaba que la Ministra de Relaciones Exteriores Ana Palacio había ordenado a las embajadas Españolas que dieran impulso a versión autoral del ataque Etarra, y en una actuación realmente torpe José María Aznar personalmente llamó a los editores de los periódicos de todo el país, advirtiéndoles que dejaran a un lado las conexiones de los ataques con Al Qaeda.


Al pueblo no le gusta que se le mienta. La noche antes de las elecciones, miles llenaron la calle que da a las oficinas del Partido Popular, acusando al gobierno de haber hecho a España de un blanco por su alianza con los Estados Unidos y de haber intentado tapar las consecuencias. “Queremos la verdad antes de las elecciones," coreaban las multitudes. “¡No más manipulaciones informativas!” Las manifestaciones continuaron por toda la noche, con grupos de inconformes marchando a través de las calles adoquinadas de la ciudad, golpeando cazuelas y ollas. "estamos hartos de este estilo autoritario de gobierno," dijo José Ortega, un profesor a de sicología de Madrid.


Hasta antes de las explosiones y la reacción del gobierno, se esperaba que el Partido Popular ganara fácilmente las elecciones, aún cuando la abrumadora mayoría del pueblo se oponía a la vinculación Española en la guerra contra Irak. Comparado con el crecimiento económico y la tranquilidad doméstica, la vinculación relativamente pequeña de España en la guerra era una idea abstracta. "Nosotros no queremos ir a esa Guerra, pero lo hicimos debido a Asnar,” dijo Miguel Barrios, un obrero de mantenimiento de 45 años quien estaba en uno de los trenes bombardeados. "Ellos no prestan atención al movimiento contra la Guerra.”.


Para la administración Bush, la elección de los Socialistas significa una pérdida de un apoyo crucial para su política exterior. En una conferencia de prensa, El Primer Ministro Electo, José Luis Rodríguez Zapatero calificó a la Guerra contra Irak y su posterior ocupación como “un verdadero desastre” y se comprometió a retirar los 1,300 efectivos españoles a finales de Junio, a menos de que la ocupación quede bajo control de las Naciones Unidas. Zapatero dijo que combatir al terrorismo no puede ser una acción unilateral, sino que requiere de "una gran alianza” de las democracias. Los enviados Socialistas ya están preparando la reparación de las relaciones con el gobierno Francés y el Alemán , para trabajar más de cerca con ellos. "Asumir que es Al Qaeda, no es sólo un problema español, sino de toda Europa," dijo Rafael Bardaji, un ex funcionario de inteligencia Español.


Mientras tanto, los Españoles siguen de luto. El domingo posterior a los ataques, cientos de personas se mostraron en las estaciones de tren donde había ocurrido las explosiones para llorar la muerte en los sepulcros específicos. Las normalmente grises esquinas y banquetas se tapizaron con flores, dibujos a crayola, fotografías y en una estación, , con un osito de peluche. Esa noche, posterior a la sorpresiva salida del Partido Popular, la atmósfera era de menos celebración y de un sordo alivio. "la sensación es tanto amarga como dulce” Dijo Ortega. "Estamos contentos, pero de luto."